domingo, 2 de octubre de 2011

SIGO EN BOMBAY

Nada de lo que parece es real. Imposible si no se dice surrealista, es la vida de la ciudad que a veces, cuando te cruzas con infantes dormidos que parece que van a ser buenos al despertar, vas y te crees que es  posible convivir con ellos sin gritar a cada minuto que se estén quietos. Claro, que luego viene la furia, cuando a tu paso aparece la fundamentalista de turno haciendo compras a través del burka. No sé quién es más responsable de la locura que azota a esas mujeres: si ellas por obedecer o ellos por imponer. Yo me liaba a tortas con los dos.
Niños dormidos en la calle. Bombay Octubre 2011 - MMC
La India en general exige de una atención extrema, pero megalópolis como Bombay son agotadoras. No hay nada que pase desapercibido. La privacidad no existe y se reza en la calle, se lavan culpas a la luz del día, se trabaja en cualquier cosa  sin importar qué es lo que te rodea, y del mismo modo que tú miras sin cesar, eres observado por miles de ojos que se preguntan cuál será la posibilidad de conseguir algo de tí a cambio de muy poco de ellos.
6000 años de comercio nos contemplan, e India es el origen de tantas cosas, que nada es baladí.
Bombay está radicalizado. Siempre hay elecciones, siempre hay visitas a templos, siempre hay algo que conmemorar (hoy es el día de Ghandi y han decidido prohibir la bebida de alcohol), pero Bombay está tomado por la policía.
Nada de lo que hay a mi alrededor me es ajeno aunque me cueste mucho comprender, y me haya costado mucho aceptar que todo en este país tiene un precio.
Esta mujer que da de comer al búfalo, al que le ha comprado un kilo de plátanos, lava culpas a la luz del sol. Ahora podrá seguir dedicada a la faena de hacer caridades por la noche, o engañar a quien le parezca durante el día. El buey seguirá tirando del carro y recubriendo, si le dejan, los costillares.
Lo demás, es tarea de Ganesh, el dios elefante que todo lo ve, puede y magnifica.
Menos mal que es de noche y toca dormir.

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