sábado, 22 de octubre de 2011

ANTES DE TODO LO QUE SIGUE.


He pasado por alto un viaje absurdo a Pushkar. Muchas prisas para llegar, paseo al atardecer después de haber perdido el aliento tratando de organizar un nuevo negocio a pie de camino, y paseo entre gente de esa que todos pensamos que hay en India: santones, yoguis, camellos, caballos, monos ladrones y pájaros exóticos.
Pushkar está como siempre, pero con más tiendas y el lago prácticamente rodeado de cafeterías que miran todas al centro, sin saber muy bien si en el último momento va a aparecer el monstruo del lago. Todo comercializado y pensado para la meditación de cómo hacer dinero a costa de los demás, pero es pequeño y recogido, y viniendo de las grandes urbes de India, es una especie de reposo en el jardín del guerrero.
Nos habríamos quedado a no ser por la Feria de artesanía de Delhi, pero los mosquitos y el absurdo aire acondicionado, nos dejó a pie de obra: fuera de Pushkar y en medio de estornudos y toses que nos provocan más gimnasia de cintura que alivio. Nada mortal, pero agota.
Lo de la Feria de Artesanía, inenarrable: todo interesa y no hay forma de decidir qué comprar. Venga a tomar té y café por cuenta de los vendedores, y así el sueño perdido entre facturas y cafeínas. Delhi revive por la noche, los trenes hacen sonar los pitos cuando entran en la ciudad, y se oyen desde el infinito. Los imanes les hacen la competencia, y mientras tanto, los periódicos cuentan cómo fotografían a Gadaffi inerte. Delicadeza en el tratamiento del cadáver, y mucho ejército en la calle, porque no se fía nadie de los de enfrente.
Todo un lío, mezclado y absurdo. Se acerca Diwali, el año nuevo para India que es el día 26. Todo son puestos de regalos, flores, velas olorosas, dioses de colorines, nuevos saris y nada que parezca angustioso. Es un placer pasear por las calles saltando charcos de agua sucia empapados en papel de periódico y platos de comida sin terminar, porque la alegría es generalizada. Diwali, sólo un día de fiesta, se celebra con cohetes, dulces y frutos secos. Lo pasaremos en Delhi, y mientras tanto, seguiremos pateando los lugares más insólitos para buscar bolsas en las que poner lo que unos regalarán a otros en España.
Mundo entrecruzado y hermoso, que no me cansa.

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