Una semana enloquecedora de compras, citas, encuentros, desencuentros con vendedores abusivos, y sobre todo de cosas inesperadas y horarios que no se cumplen. Creo que necesito unos días más de adaptación a esta locura de encontrar cosas a cada paso, no quedar bien con nadie, dejar todo colgado para luego, hacer trabajar a los demás sin descanso por decisiones pensadas con los pies... pero lo voy a conseguir.
Salimos del hotel a las 12 de la mañana y volvemos a las 12 de la noche, cuando las calles están recogidas y todo limpio. Compruébese la situación del hotel en el siguiente enlace: www.turkomanhotel.com
He visto ese museo que no tiene precio. Roma gloriosa, el asalto a mano armada por parte de alemanes, ingleses, franceses y todos los que piqueta en ristre se pasearon por el Asia Menor y dejaron despojos de lo que encontraron, pero ¡vaya despojos!
Las plañideras del sarcófago de Menelao, el sarcófago de Alejandro Magno, el adolescente, la Venus de Milo (una copia de la época), el tesoro de Troya, galería de retratos de todos los personajes romanos ... un sueño de paseo, adornado con fotografías de lo que hubo y ahora no queda.
Todo ha quedado como arrumbado, como si los mármoles hubieran cogido humedad. Tuve la sensación de pasear por cosas viejas, no en medio de preciosas antigüedades. Falta de mantenimiento, que sorprende.
Escasa tienda de recuerdos. Algún libro de cocina provocadora, pero poco más. Esas tiendas suelen ser fuente de inspiración y quedarse sin verlas es como andar a medio camino entre lo que vemos y lo que otros interpretan de lo allí expuesto. Yo disfrutaría una barbaridad haciendo diseños para museos. Me limito a anotar las ocurrencias en el sempiterno cuaderno de notas, al que los vigilantes adormecidos se acercan constantemente para ver si lo que apunto responde a la realidad, o ellos son los retratados, no ese César de hace dos mil años, Hipatia, o cualquiera de los diosecillos que pueblan las vitrinas.
Salimos del hotel a las 12 de la mañana y volvemos a las 12 de la noche, cuando las calles están recogidas y todo limpio. Compruébese la situación del hotel en el siguiente enlace: www.turkomanhotel.com
He visto ese museo que no tiene precio. Roma gloriosa, el asalto a mano armada por parte de alemanes, ingleses, franceses y todos los que piqueta en ristre se pasearon por el Asia Menor y dejaron despojos de lo que encontraron, pero ¡vaya despojos!
Las plañideras del sarcófago de Menelao, el sarcófago de Alejandro Magno, el adolescente, la Venus de Milo (una copia de la época), el tesoro de Troya, galería de retratos de todos los personajes romanos ... un sueño de paseo, adornado con fotografías de lo que hubo y ahora no queda.
Todo ha quedado como arrumbado, como si los mármoles hubieran cogido humedad. Tuve la sensación de pasear por cosas viejas, no en medio de preciosas antigüedades. Falta de mantenimiento, que sorprende.
Escasa tienda de recuerdos. Algún libro de cocina provocadora, pero poco más. Esas tiendas suelen ser fuente de inspiración y quedarse sin verlas es como andar a medio camino entre lo que vemos y lo que otros interpretan de lo allí expuesto. Yo disfrutaría una barbaridad haciendo diseños para museos. Me limito a anotar las ocurrencias en el sempiterno cuaderno de notas, al que los vigilantes adormecidos se acercan constantemente para ver si lo que apunto responde a la realidad, o ellos son los retratados, no ese César de hace dos mil años, Hipatia, o cualquiera de los diosecillos que pueblan las vitrinas.
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