Anoche ha entrado una gata por la ventana de la habitación, y estando dormida me ha saltado en el pecho. Casi me muero del susto o de la taquicardia posterior. Hubiera preferido un perro, porque los gatos me dan miedo. Noche toledana, como se puede imaginar, y Cristina medio dormida ha hecho de torero aguerrido y con una almohada por delante ha sacado a esa especie de tigretón de la habitación. A los quince minutos después de haber recuperado la cordura y apagadas las luces de nuevo, el felino se ha colado por la reja del baño, y empezó a maullar hasta que de nuevo la heroína de la noche le abre amablemente la puerta y le dice que se vaya con los otros inquilinos, que ya la habíamos disfrutado bastante. Yo permanecí encogida hasta que pasó el peligro, o me rindió el sueño, que no sé cuál ha sido lo primero.
En el desayuno nos han dicho que es la reinona de la casa esa gata espantosa, que además está preñada y ronronea por donde le place.
La terraza del hotel es soberbia. En pleno corazón del Sultanhamet, al pie de una mezquita y con el Bósforo al fondo, se hace escaso el momento de tomar un café y salir pitando, porque todo el mundo sle corriendo. Nosotras salimos a las 12, porque negocios que no te permiten hacer eso, ni son negocios ni son ná de ná.
Jornada dedicada al transporte y a la "Poste". Los kilos empiezan a preocupar y hay que mandar cosas. Courier, Cargo, Correos... lo mejor es Correos. Elegante oficina presidida por el impenitente retrato de Ataturk. Funcionaria estupenda que nos manda a otra ventanilla, y desde allí a otra oficina, llena de hombretones ansiosos por atendernos cuando ya hubieran pasado las dos docenas que aguardaban su falta operatividad. Cristina les pregunta por encima de todos, y responden al alimón. Los que no saben inglés asienten y miran con benevolencia que se haya colado por el morro. Yo, mientras tanto, me hago con una bandera de Turquía que está pegada en la pared, porque ellos también se dedican a venderlas, y no hay mejor cosa que poder decir que has hecho negocios con ganancia con un turco.
Me ha fascinado siempre esa costumbre de vender banderas por la calle. El famoso Attaturk, al que adoran, hizo de la bandera la muestra de la unidad patria, y aunque hayan tenido (y sigan) sus más y menos con los Kurdos, la bandera ha podido con todo, e imagino que es un negocio rentable porque sigue habiendo hombres a cada paso que por muy poco dinero te proporcionan una del tamaño que desees.
Hemos buscado lino, sin mucha éxito, y camisas de caballero, y pulseras, y sortijas, y camisetas... todo sirve para todos, y resulta cansado, pero es verdad que los olores nuevos, los sabores de cocina casera, la variopinta presencia de la gente en la calle: porteadores, vendedores de todo tipo, pocas mujeres pero con ganas de vivir, te contagia energía y el cansancio de días anteriores se va diluyendo.
Estambul rezuma vida, y conviene seguirle el paso.
Aterrizo de la antitesis : Hamburgo , Alemania, aqui te puedo contar y te pones enseguida en el sitio porque no huele a nada. Orden perfecto, limpieza extrema, exquisito trato, silencio...... Alli donde estas si no lo vives, y sobretodo lo hueles y lo escuchas no es imaginable. Disfrutalo a tope, es una maravillosa y caotica ciudad. Colgaras fotos?....
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